Ladrar es normal en los perros, pero cuando se vuelve constante puede ser agotador para ti, tus vecinos y el propio perro. Aquí te explicamos cómo reducir los ladridos excesivos con métodos amables y efectivos.
Todos los perros ladran: es una forma natural de comunicarse. El problema aparece cuando los ladridos son constantes, intensos o aparecen por cualquier estímulo, como personas pasando, ruidos, otros perros o incluso cuando se queda solo.
Antes de pensar en “callar” al perro, es importante entender por qué está ladrando. Solo así podremos ayudarle de una forma respetuosa y realmente efectiva.
No todos los ladridos significan lo mismo. Algunos de los más comunes son:
Identificar qué tipo de ladrido predomina en tu perro es el primer paso para elegir la estrategia correcta.
Si tu perro ha empezado a ladrar mucho de repente, o si parece muy inquieto, con dolor o cambios de conducta, es importante consultar con un médico veterinario.
Dolor, molestias físicas, problemas hormonales o incluso deterioro cognitivo en perros mayores pueden aumentar los ladridos. Una revisión veterinaria ayuda a asegurar que no haya una causa médica de fondo.
Si ladra cada vez que ve gente o perros por la ventana, puedes usar cortinas ligeras, películas para vidrios o reubicar su cama lejos de ese punto. En patios, a veces ayuda bloquear parte de la vista a la calle.
Un perro con energía acumulada ladra más. Paseos diarios, juegos de pelota y carreras controladas ayudan a bajar el nivel de ansiedad general.
Juguetes interactivos, juegos de olfato, kongs rellenos y entrenamiento con premios mantienen su mente ocupada. Un perro mentalmente cansado ladra menos por aburrimiento.
Si tu perro ladra para pedir algo (juego, atención, comida) y se lo das, aprenderá que ladrar funciona. Ignora el ladrido y premia el momento en que se quede en silencio.
Cuando ladre por algo que no es peligroso, espera un segundo de silencio, di una palabra corta como “silencio” o “gracias” y dale un premio. Repite en pequeñas sesiones para que asocie la señal con dejar de ladrar.
Trabaja órdenes sencillas como “sentado”, “quieto” y “a tu lugar”. Un perro que practica autocontrol en casa tiene más probabilidades de controlar también sus ladridos.
Si ladra a ruidos o estímulos específicos (timbre, autos, otros perros), puedes trabajar con grabaciones a volumen bajo, asociando esos sonidos con premios, e ir subiendo poco a poco. Si el problema es muy fuerte, es buena idea trabajar con un educador canino con enfoque positivo.
Estos métodos pueden generar más miedo, ansiedad y hasta agresividad, y normalmente empeoran el problema a largo plazo.
Reducir los ladridos excesivos no se trata de “apagar” al perro, sino de ayudarle a sentirse más seguro, más tranquilo y mejor entendido.
Con pequeños cambios en el ambiente, más actividad física y mental, y entrenamiento basado en refuerzo positivo, es posible lograr una convivencia mucho más calmada para todos en casa.
